Diseño de logotipo para Lamothe Zunzunegui, un bufete especializado en servicios jurídicos y asesoramiento financiero.
El despacho estaba ubicado en pleno centro de Madrid y ofrecía una amplia variedad de servicios relacionados con el derecho, las finanzas y los mercados bursátiles.
El cliente buscaba una identidad sencilla y elegante que transmitiera calidad, confianza y seriedad. Al tratarse de una empresa con varias áreas de actividad, evitamos recurrir a símbolos exclusivamente jurídicos que pudieran limitar la percepción de sus servicios.
Por este motivo, decidimos desarrollar el concepto gráfico a partir de las iniciales de los dos apellidos. Esta solución permitía identificar directamente a Lamothe Zunzunegui sin utilizar imágenes habituales en los logotipos para bufetes de abogados, como balanzas, columnas o mazos.
Después de estudiar numerosas composiciones basadas en las letras L y Z, creamos un isotipo formado por dos trazos iguales con forma de L inclinada que, al colocarse simétricamente, dibujan también una Z.
La integración de ambas iniciales consigue representar los dos apellidos mediante una única figura. Sus líneas inclinadas aportan dinamismo y recuerdan también a dos flechas orientadas en direcciones opuestas.
La tipografía es estilizada y utiliza un cuidado juego de grosores para mantener una imagen sobria y refinada. Esta construcción permite presentar un nombre especialmente largo mediante una composición horizontal equilibrada y fácil de aplicar.
Cada apellido aparece en un color diferente para facilitar su lectura y señalar visualmente dónde termina Lamothe y comienza Zunzunegui. Debajo se incorpora el descriptor “Abogados”, compuesto en mayúsculas y con un amplio espaciado entre caracteres.
Los colores corporativos combinan azul oscuro, blanco y amarillo ocre. El azul comunica confianza, experiencia y seriedad, mientras que el ocre aporta distinción y evita que la identidad resulte excesivamente fría o convencional.
En determinadas aplicaciones, el amarillo puede reproducirse mediante un acabado dorado o termosellado metálico. Este tratamiento potencia el carácter clásico y la percepción de calidad de la marca.
El resultado es un diseño elegante, serio y con una marcada personalidad corporativa. Una identidad que fusiona ingeniosamente las iniciales L y Z y representa tanto la actividad jurídica como la vertiente financiera del despacho.
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